domingo, 8 de enero de 2017

El Infierno Verde [#Nürbu y 19]


Hilly me saca algo más de 4 minutos y si no paro la sangría de segundos puedo empezar a verlo en los retrovisores antes de que termine la prueba. Trato de ir rápido, de volar tras él. Lo intuyo en cada recodo y más allá de las curvas. Creo discernirlo al final de una recta pero entiendo que no puede ser él. Rechazo ese esbozo, con la distancia que me saca tiene que estar en las antípodas del circuito. Algo en mí se resiste todavía...

Hazlo, o no lo hagas, pero no lo intentes, me susurra Yoda...

El Chueco ha venido a visitarme al box mientras me ponía los guantes y el casco. Ha posado su mano sobre mi hombro y con esa cadencia rica en palabras que muestran los argentinos cuando hablan, ha acercado su boca a mi oído para recordarme que si quiero que el final sea tan bueno como el principio debo olvidarme de Preston.

Piensa en ti —me ha dicho—, sólo en ti. En tus infinitos pasados, en tus anhelos del presente, en tus esperanzas de futuro. Hazte uno con el auto. Sé egoísta una vez más. Tus pies son ahora sus gomas, compadre. Su motor, tu corazón... Déjate llevar como quien besa la carne tibia de una mujer generosa que ama y busca ser amada...

Algo ha sucedido mientras recalaba en el breve encuentro con el de Balcarce. Hilly está a poco más de tres minutos en paso por meta. Ha aminorado la velocidad al sentirse seguro en su ventaja o sufre problemas en el coche. El británico es un mago de la estrategia y conoce el Nordschleife como la palma de su mano: o está muerto o está jugando conmigo. Por nada del mundo quiero hacerme ilusiones.

Comienza a llover a partir de Fuchsröhre, antes de Adenauer Forst. Mis ruedas acumulan bastantes kilómetros, me concentro en el trazado.

No veo absolutamente nada pero llevo el circuito grabado en la cabeza. A tientas acelero, freno y vuelvo a acelerar bajo la cortina gris de agua y los muros verde espeso, hasta que a partir Karussel la luz se abre paso entre la lluvia y me deja discernir que soy un barquito en el papel Albal que decora de río los Belenes. Percibo entonces un monoplaza rojo en la cuneta, rodeado de algunos parroquianos que tratan de proteger con sus paraguas al piloto que ha logrado salir ileso del lance. Más adelante un pecio azul termina de consumirse entre los rescoldos de las llamas que lo devoraron ayer, una hora antes, hace un a quién le importa. Intuyo que es un recuerdo de la vuelta anterior porque no hay nadie a su alrededor ni en su interior abandonado.

Arrecia el aguacero, pero es un instante, no más...

Preston a menos de dos minutos en línea de meta. No voy tan rápido. Algo le está sucediendo a mi amigo y rival.

Aprieto en piso seco y cuando me sumerjo de nuevo en el agua ya no es Adenauer sino Ausfahrat Breidscheid, el punto más bajo de Nürburgring. Las nubes y la humedad que llevan dentro circulan como alma que lleva el diablo hacia el Norte, arrastrando tras de sí jirones blancos que acarician y se prenden de las copas de los árboles. Un giro más y no se hará necesario cambiar de gomas.

Antes de Kesselchen el piso aún está mojado. El coche se agarra en cada curva, toma tierra seguro después de cada rasante. Me siento sereno. Jackie Stewart decía que quien afirmara que amaba el Nordschleife, o estaba loco o no circulaba por él lo suficientemente veloz. Hilly a menos de un minuto y medio en El Infierno Verde... 

Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes. El Maestro otra vez... A su espalda, Robin Williams recuerda por fin y se eleva del suelo...

Levanto el pie del acelerador. Preston, merece esta victoria.

«Lo único verdadero es la memoria. Pero la memoria es una invención.» La cita es de Manoel de Oliveira, conductor de vehículos de carrera y cineasta. Me la regaló J-Car.

Os leo.