lunes, 9 de enero de 2017

Fórmula 1 de muro


Me preguntáis que qué opino sobre el debate abierto alrededor de la idea Fórmula 1 de Ingenieros, y al respecto sólo pienso que tanto leer en inglés se nos está olvidando hablar bien el español porque ése debate, en concreto, no existe o está mal planteado, o mal expresado, que es lo que me temo. 

La Fórmula 1 es un deporte de equipo en el que sus diferentes integrantes tienen un peso específico que se corresponde con la etapa competitiva que viven las escuderías dentro del reglamento correspondiente.

Es de perogrullo decirlo, lo admito, pero ha habido épocas más técnicas y otras donde la labor del conductor ha resultado más crucial, no obstante, no se puede separar la labor de los ingenieros de la de los pilotos tan a la ligera como para plantear siquiera que trabajan en trincheras diferentes. Van juntos, porque así ha sido siempre y porque mal irían sin cada grupo humano fuese por su lado.

Partiendo de la base de que, como sabéis de sobra, estoy más enfocado a creer que el piloto cuenta más de lo que nos dicen, tengo que admitir sin embargo —como he hecho otras veces, por cierto—, que el formato actual de nuestro deporte es tan increíblemente complejo que está matando la gallina de los huevos de oro.

Las unidades de potencia son extremadamente delicadas tanto en su definición como en su puesta a punto, arreglo y utilización. Además, está dosificadas rácanamente por temporada porque son carísimas, no por otra cosa. Por último, los neumáticos son un factor que hay que desentrañar carrera a carrera, de forma que el cuadro competitivo se decanta inevitablemente hacia la gestión de datos, y aquí aparece el muro (wall), último eslabón de conexión entre el conductor y la enorme maquinaria que tiene detrás cada escudería, que trabaja a la vez que el vehículo sobre el asfalto desde los cuarteles generales y en los propios garajes, recabando información, analizándola y devolviéndola de nuevo una vez ha sido optimizada.

¿Es excesiva esta presencia del muro en la competición?  Yo diría que sí. Y además contraproducente si entendemos la Fórmula 1 como un deporte que va o debería ir al límite, por cuanto su función actual es eminentemente ahorradora, ya que la gestión no consiste ahora en exprimir el coche o las cualidades del piloto, sino en proteger las cuantiosas inversiones y sacar el mayor rendimiento de ellas, amén de cumplir con la normativa (bastante mierdosa, por cierto).

Basta echar la vista atrás, para comprobar que antes de que los sucesivos paquetes de restricciones que nos venían a salvar la vida hicieran acto de presencia en nuestro deporte, cuando todavía existían entrenamientos privados y no chorradas como los filming days, el piloto, como parte del equipo, obviamente, gozaba de una libertad para desempeñar su profesión que no tiene absolutamente nada que ver con la que ejerce en la actualidad. 

De 2009 a esta parte, para que la gestión fuese adecuada requería de la mansa contribución del conductor, y es por ello que su volante se ha llenado de botones y chachivaches que lejos de facilitarle su trabajo, lo que han hecho ha sido distraerlo, complicar su función en pista, y convertirlo, a la postre, en sujeto de un debate que nace en la figura superlativa que ha ido adquiriendo el muro. No los ingenieros, el wall. El punto neurálgico de la gestión enfocada al ahorro en Fórmula 1.

Os leo.