Hay lugar para la esperanza [Muy Fan de la F1 #2. Mayo 2015]


Basta echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar lo fácil que resulta encontrarse con frases del estilo: «no opino sobre Alonso porque la capacidad crítica de sus seguidores es prácticamente nula», cuando lo que existe en quienes las pronuncian es auténtico miedo a mojarse, que ya sabemos que si resultas favorable al asturiano en España, te conviertes de inmediato en un alonsista cualquiera y eso, resta puntos de credibilidad.

Sin duda es mucho más rentable ser crítico con el de Oviedo o no opinar sobre él. En todos los sentidos. Se ganan seguidores en redes sociales porque ofrece una pátina de santidad que para sí quisieran esos locos que carecen de capacidad crítica, y si se ejerce de redactor en cualquier portal de internet o de periodista en prensa, barniza de equidistancia y objetividad cualquier artículo, por malo que éste sea.

No me interesa ese tipo de objetividad y equidistancia. El Nano es el mejor embajador de la Fórmula 1 aunque Bernie no se lo quiera reconocer en público. Mueve un párpado y la prensa mundial y española buscarán inmediatamente un significado secreto. Guiña un ojo o tuerce el gesto, y sucederá otro tanto. Y es así porque aunque se quiera negar, Alonso está marcando la época deportiva que nos ha tocado en suerte vivir, siendo en la actualidad uno de los principales focos de interés del Circus, y no sólo aquí, en casa, sino también allende nuestras fronteras. Su apellido es sinónimo de Fórmula 1 y vende, no conviene olvidarlo.

También es verdad que a los que no quieren opinar sobre Fernando porque la capacidad crítica de sus seguidores es prácticamente nula y tal, se suman los Peñafiel, Quintana, Massa, Trulli, Villeneuve Jr., que nos recordarán a todas horas lo egoísta que resulta el asturiano. Pero ahora bien, esto del egoísmo no parece mal camino en Fórmula 1. Ayrton Senna, Alain Prost, Niki Lauda y Michael Schumacher, eran terriblemente egoístas y suman entre todos ellos, 17 coronas mundiales. Y Sebastian Vettel, antes de hacer de figurín blandito en La Scuderia, también fue tachado de depredador cuando zurraba a Mark Webber. Con él, tendríamos 21 cosechas debidas al denostado egoísmo…

Seamos honestos, el grueso de las críticas y opiniones que recibe nuestro compatriota suelen tener que ver más con su vida privada y comportamiento fuera de la pista que con su calidad como conductor de monoplazas. Es un ogro ante los micrófonos. Su vida sentimental no convence. Siempre elige mal. Es demasiado crítico y exigente. Su hinchada tiene malas pulgas. Su entorno no está a la altura. Lobato tal o cual. Etcétera, etcétera, etcétera… ¿Y como piloto?

Como piloto, Emerson Fittipaldi le tildaba no hace mucho de maestro y Jackie Stewart de genio y como piloto, está muy bien cotizado y es valorado por sus jefes y respetado y temido por la mayoría de rivales.

No parece un mal saldo aunque dicen de él que no es buen calificador, pero, ¿eran buenos los sábados, Sebastian Vettel sobre el RB10 o Kimi Räikkönen sobre el F14-T?

La pregunta tiene trampa, obviamente. Todo el mundo conoce perfectamente que sin un buen coche, incluso el mejor calificador está vendido, y que si no se califica arriba, cualquier carrera resultará dura en extremo. Pues bien, esto es precisamente lo que ha hecho Fernando Alonso durante las últimas temporadas: sobrevivir a unas malas calificaciones sacando petróleo del monoplaza durante los domingos, mientras se ganaba, eso sí, el respeto de los que realmente entienden de qué va la cosa y aprecian estos gestos en lo que realmente valen.

Dicho lo cual, podemos perder el tiempo intentando entender a los que no opinan, o atendiendo las palabras de los muchos que tratan de ganar su minuto de gloria criticando la figura del Alonso que no desarrolla su labor profesional desde el interior de un habitáculo. También es verdad, que podemos sentarnos a esperar a que como ocurriera con Seve Ballesteros, sean los de fuera los que nos recuerden dentro de un tiempo lo cicateros que somos en la actualidad con Alonso, como lo fuimos con el de Pedreña cuando estaba entre nosotros…

La temporada 2015 acaba de comenzar. Tan sólo se han disputado 4 pruebas y quedan por delante otras 15 y por fortuna, el nivel de conocimientos del aficionado medio ha ido mejorando con los años, tanto en calidad como en cantidad. Por ello hoy es mucho más difícil que hace tan sólo unas temporadas que alguien le dé gato por liebre pero por desgracia también, ese criterio avanzado hace que veamos la Fórmula 1 con cierto grado de fatalismo pesimista.

Sabemos de qué pie cojea Bernie, cómo funciona todo lo que rodea a la FIA y cuántos intereses se mueven en el seno del paddock, y ello nos puede llevar a pensar que tal vez tengan algo de razón los que no hablan de Alonso por miedo y los que le critican por cosas ajenas a nuestro deporte.

Pero el caso es que estamos viviendo un momento único. Su generosidad con Ferrari está fuera de toda duda y ha decidido dar carpetazo a su etapa en la rossa para encontrar un vehículo que le permita calificar arriba, ganar carreras y si es posible, sumar algún nuevo título. Y si hace unos meses la prensa internacional nos vendía el salto de Sebastian Vettel a Ferrari como algo que merecía todos los respetos, ya que decían, el de Heppenheim buscaba afrontar nuevos retos, con mayor razón podemos reclamar lo mismo para nuestro bicampeón del mundo porque a todas luces, el que supone la recién estrenada aventura McLaren-Honda, es infinitamente más exigente y peliagudo que el que lleva entre manos el tetracampeón en Maranello.

¿Hay lugar para la esperanza? Yo diría que sí, pero no por simple optimismo, sino porque a mí me siguen saliendo las cuentas en lo tocante al que sin duda pasará a la historia como el mejor piloto de esta última década.

Os leo.